A raíz de una visita a una sucursal bancaria hace unos días surge este post. Me ocurrió algo que, para mí, sale de lo habitual:
Me coloqué en la cola de personas que esperábamos para pasar por ventanilla (en esta sucursal no hay, sólo un mostrador doble, para dos filas) e ingresar una cantidad económica en mi cuenta mediante cheque. Cuando llegó mi turno me atendió un señor muy amable, que no era ni más ni menos que el Director de la Oficina remangado, sin corbata y echando una mano.
- (yo) Buenos días, venía a realizar un ingreso mediante cheque.
- (él) Buenos días, por supuesto, ahora mismo, déjeme ver el cheque.
Tras comprobar que todo estaba bien y realizar el ingreso del cheque en el número que le había indicado, me comunica:
lina, me da tiempo a muchas cosas. Leer, escuchar música, escribir, hablar con amigos… Pero ese momento, necesario, lo dejo para los domingos y, durante la semana, para antes de irme a dormir. Es ese momento de encuentro con uno mismo en el que, como si de una agenda “vital” se tratase, observas tu camino, necesidades, objetivos y re-orientas o continúas hacia adelante, con el fin de lograr alcanzar, en días posteriores, aquello que te hace feliz.
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